“Nolan me hizo reír y consiguió que volviera a respirar”
Anne Hathaway aspira al Oscar por su particular versión de Penélope, a las órdenes de Christopher Nolan, en el año más prolífico de su carrera
Pablo Scarpellini. Los Ángeles
Su regreso a primera línea no ha podido ser más estruendoso. Hacía casi una década que Anne Hathaway no figuraba en una gran película de estudio (Ocean’s 8, en 2018) y en apenas seis meses ha estrenado cinco. Es la primera actriz en la historia de Hollywood que protagoniza tres estrenos en un mismo año que arrancaron como número uno en taquilla. A sus 43 años, le cuesta digerir tanta gloria. “Al principio de tu carrera solo te preguntas: ‘¿Conseguiré algún día un trabajo?’. Y de repente llegas a estos lugares, a estos mundos, con artistas tan espectaculares… Es una locura”, dice, embarazada de su tercer hijo.
"La Odisea" le puede hacer ganar un Oscar
De la estrella del pop de Mother Mary al regreso de Andy Sachs en El diablo viste de Prada 2, pasando por El final de Oak Street y Verity. Pero ninguna como La Odisea, el asalto de Christopher Nolan a Homero: 91 días de rodaje en seis países. “Empezaras a la hora que empezaras, todos teníamos que estar en nuestra marca a las siete, te viera la cámara ese día o no”, recuerda. “Éramos de verdad un conjunto. No había jerarquía”.
Hathaway figura en casi todas las quinielas de los Oscar como mejor actriz secundaria por su Penélope, una reina de Ítaca que conserva lo esencial del mito pero pasa de esperar a resistir. “Esa paciencia y esa fidelidad (...) son también un arma”, analiza. “Normalmente, cuando interpreto a personajes así, son los malos de la película. Ella no lo es. Simplemente está instalada en su poder”.

Una larga relación de trabajo con Nolan
Es su tercera película con Nolan, tras El caballero oscuro: la leyenda renace e Interstellar. Recuerda el bloqueo que sufrió en la escena del reencuentro con Ulises (Matt Damon), lo que el gremio llama “el hoyo”. “Chris (...) se sentó conmigo como un amigo, me hizo reír y consiguió que volviera a respirar”, rememora. “Puede dirigir flotas de barcos, puede mover montañas (...). Pero lo hermoso esta vez fue que era solo una persona sentada junto a otra persona”.
Aún vuelve a Ítaca, a los platós de Los Ángeles, “porque es donde empecé mi carrera”. “Todo eso es fundacional para mí como actriz de cine”, admite.
Esa experiencia la devolvió a La boda de Rachel, que le valió su única nominación al Oscar y que consideraba el techo de su carrera. “Pensaba que probablemente no volvería a tocar ese techo. Entonces llegó La odisea, y ahora tengo dos”.
