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Sebastián Burgos: una huella que permanece

Sebastián Burgos: una huella que permanece

Sebastián Burgos: una huella que permanece

Un homenaje a su dedicación, sus sueños y el cariño que sembró

Fátima Vélez. Los Angeles

Al hablar de Sebastián Burgos, su hermana Fiona recuerda su dulzura, sus dibujos y su manera de hacer reír cuando estaba en confianza. Su entrenador habla con orgullo de lo que consiguió en las aulas y en la pista. Entre esos recuerdos aparece el joven que ambos conocieron y muchos quisieron. 

A sus 18 años, el joven de Downey había comenzado su primer año en la Universidad de California en Santa Cruz. Estudiaba Biología y soñaba con convertirse en veterinario. Su ingreso a la universidad era motivo de orgullo para sus padres y el comienzo de una etapa por la que había trabajado muy duro. 

Aunque llevaba apenas dos semanas en Santa Cruz, su hermana Fiona contó que se había adaptado muy bien. Le decía que los estudios le estaban resultando fáciles y que se llevaba bien con sus compañeros de habitación, con quienes exploraba el campus y visitaba el paseo marítimo. Disfrutaba del entorno natural y comenzaba a vivir la independencia que había buscado al estudiar lejos de casa. 

Quienes compartieron con él sus años en Downey High School recuerdan a un muchacho tranquilo, respetuoso y alegre, comprometido con sus estudios y con el atletismo. 

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La constancia detrás de sus logros 

Bob Gleason, su entrenador durante los cuatro años de preparatoria, lo acompañó tanto en campo traviesa como en atletismo. Lo vio llegar como estudiante de primer año y avanzar hasta convertirse en uno de los corredores más destacados del equipo. 

“Era un joven tranquilo, respetuoso y feliz, que trabajaba duro para alcanzar sus metas”, recordó Gleason. 

Su esfuerzo tuvo resultados concretos: corrió los 800 metros en menos de dos minutos, una marca importante en el atletismo de preparatoria, y llegó a competir en las finales de la Federación Interescolar de California, conocida como CIF. 

Para Gleason, fue significativo verlo superar momentos de inseguridad y reconocer lo que podía lograr. Su orgullo por Sebastian abarcaba tanto sus resultados deportivos como su dedicación académica. 

Durante la entrevista, Fiona mencionó que Sebastián había cursado cinco materias de nivel avanzado, conocidas como AP. Según Fiona, Ciencias Ambientales AP era su clase favorita. Su interés por las ciencias convivía con su creatividad: también tomaba clases de arte y dibujo. 

El cariño que dejó en los demás 

Sus compañeros de preparatoria lo llamaban cariñosamente “Burgos”. Después de su fallecimiento, Gleason reunió a los atletas para recordarlo. Al escuchar sus historias, descubrió la profundidad de algunas de las amistades que Sebastián había cultivado. “Se notaba cuánto lo querían y lo apreciaban sus compañeros”, expresó. 

Su hermana Fiona también recuerdos cotidianos. En un mensaje público, compartió que le encantaban el dibujo y correr, y describió la generosidad que distinguía a su hermano. 

“Conocerlo es quererlo”, escribió. “Sebastián es una de las personas más desinteresadas que conozco”. 

El joven Sebastián falleció el 4 de octubre de 2026 en un accidente automovilístico. Tenía 18 años y una vida que apenas comenzaba a forjarse.

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